Profesionalismo, control de calidad, transparencia.
El sector forestal tiene la capacidad de convertirse en un pilar estratégico de desarrollo económico y social. Actualmente, más de 90 mil familias dependen directamente de las actividades forestales, y cerca de 200 mil lo hacen de manera indirecta, muchas de ellas pertenecientes a comunidades indígenas o rurales. El aprovechamiento sostenible del bosque genera empleo, ingresos y oportunidades en regiones donde escasean otras alternativas económicas.
Durante los primeros años de la década de 2000, Bolivia alcanzó un liderazgo mundial en manejo forestal sostenible. Con el impulso de políticas progresistas y el respaldo de la certificación internacional FSC (Forest Stewardship Council), el país llegó a certificar 2.2 millones de hectáreas de bosques naturales bajo estándares ambientales, sociales y económicos responsables. Este modelo demostró que es posible aprovechar el bosque sin destruirlo, garantizando su permanencia y productividad a perpetuidad.
Lamentablemente, este avance se ha visto drásticamente revertido. Para 2024, solo quedan alrededor de 800 mil hectáreas certificadas, producto del abandono institucional, la inseguridad jurídica, los incendios forestales, el desmonte indiscriminado y los avasallamientos. Los incendios de 2019, que arrasaron más de cinco millones de hectáreas, evidenciaron la falta de gobernabilidad y control territorial. Hoy, Bolivia figura entre los países con mayor deforestación per cápita del mundo, una tendencia alarmante que amenaza con erosionar su capital natural.